jueves, 17 de octubre de 2019

La intimidad es un tema salvaje donde casi todo está por reflexionar

En él se junta identidad, experiencia, memoria, acción, valoración, ficción, recreación. Todo esto se mezcla con el ingrediente explosivo de la libertad y se dobla al hablar de la intimidad compartida para multiplicar el conflicto. Como escribió Pedro Laín Entralgo en su artículo La intimidad del hombre, «cuando no dormimos sin soñar, buena parte de nuestra vida consiste en tratar con otros». Siempre, o casi siempre, estamos con otros. De entre ellos, de manera buscada o no, alguno pasará a integrar el circulo íntimo. Esta es una de las acepciones que este término puede tomar. Entralgo hace un repaso de estas y habla de la metáfora del «recinto» atribuida a San Agustín, al «surtidor» de la vida más genuinamente personal como expresan ciertos versos de San Juan de la Cruz o al «fuero interno» de corte kantiano. Y sí, todo eso va incluido en nuestra intimidad solitaria, podríamos llamarla, para concluir afirmando que aquello que sea lo que verdaderamente somos es lo que somos en la intimidad.

lunes, 7 de diciembre de 2015

El perrito y el espejo

Cuenta la historia que hace muchos años en una pequeña ciudad, había una casa abandonada a la cual nadie se acercaba.

Cierto día, un perrito buscando refugio de la lluvia logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa, el perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera; cuando termino de subir se topó con una puerta que se encontraba abierta a medias. Al entrar y ver a su alrededor , se asusto al notar la presencia de 1000 perros idénticos a él, que lo miraban fijamente.

El perrito de nuestra historia comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco, los 1000 perritos hicieron lo mismo; posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos, el perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo:“Vaya , que lugar tan interesante y que perritos tan amigables , vendré a visitarlo más seguido”.

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró en el mismo cuarto, pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que, a su parecer, lo estaban viendo de una manera agresiva, éste empezó a gruñir y obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él.

Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él; cuando este perrito salió del cuarto pensó: “Que lugar tan espantoso , nunca mas volveré a entrar aquí , que perros tan maleducados!! ….”.

 Al salir el perro de la casa estaba tan enojado que no logro ver un viejo Letrero en la entrada que decía :“Bienvenido a La casa de los 1000 espejos”

El sabio Zen y el samurai

Suelo recordar cada tanto esta antigua historia que es breve pero llena de sabiduría. La recuerdo cada vez que me ofendo por cosas aparentemente injustas. A través del tiempo he conocido varias versiones de la misma... esta es la mía.

Cierta vez un respetable samurái se presentó ante un sabio zen que estaba meditando en soledad. Lleno de inquietudes le  interrogó acerca de la existencia del cielo y del infierno para finalmente preguntarle si sabía cuáles serían las llaves que abren sus puertas.

El sabio se mantenía en la misma postura, inmutable, cuando las preguntas terminaron miró despectivamente al samurái que se había sentado a unos pasos frente a él y le dijo - Vete!, no tengo tiempo para responder semejantes tonterías.

El sorprendido hombre pensó que quizás el monje no lo había reconocido y se presentó como un jefe guerrero muy respetado en la región. Lo que motivó una nueva mirada del sabio que le retrucó con desprecio: - No creo que seas un samurái y menos un jefe, más bien pareces un pordiosero.

El Samurái profundamente ofendido y humillado reaccionó con la destreza que le es habitual a esa clase de guerrero, desenvainó su espada en medio de un alarido de furia y cuando el filo estaba cerca del anciano este levantó la mano y lo señaló con el índice diciendo en voz alta. - Ese!… ese tipo de actitud es la llave que abre las puertas del infierno.

Inmediatamente el samurái comprendió y envainó la espada en un rápido movimiento inclinándose avergonzado por su actitud. Entonces el sabio, en un tono apacible, le dijo. - Y actitudes como esas... suelen ser las que abren las puertas del cielo.

Obligaciones

Está todo tan enrarecido y tergiversado que cuando alguien hace apenas lo que le corresponde pasa a ser casi un héroe, un revolucionario. Cuando cada uno cumpla, aunque solo medianamente, con sus obligaciones estaremos casi en las puertas del paraíso.