jueves, 17 de octubre de 2019

La intimidad es un tema salvaje donde casi todo está por reflexionar

En él se junta identidad, experiencia, memoria, acción, valoración, ficción, recreación. Todo esto se mezcla con el ingrediente explosivo de la libertad y se dobla al hablar de la intimidad compartida para multiplicar el conflicto. Como escribió Pedro Laín Entralgo en su artículo La intimidad del hombre, «cuando no dormimos sin soñar, buena parte de nuestra vida consiste en tratar con otros». Siempre, o casi siempre, estamos con otros. De entre ellos, de manera buscada o no, alguno pasará a integrar el circulo íntimo. Esta es una de las acepciones que este término puede tomar. Entralgo hace un repaso de estas y habla de la metáfora del «recinto» atribuida a San Agustín, al «surtidor» de la vida más genuinamente personal como expresan ciertos versos de San Juan de la Cruz o al «fuero interno» de corte kantiano. Y sí, todo eso va incluido en nuestra intimidad solitaria, podríamos llamarla, para concluir afirmando que aquello que sea lo que verdaderamente somos es lo que somos en la intimidad.

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